a.jpgA propósito del post anterior donde se reflejaban aspectos y datos actuales sobre la sexualidad de todos, me ha quedado dando vueltas en la cabeza, la dichosa diferencia de edad en cuanto a la plenitud sexual de hombres y mujeres (19-40 respectivamente). Y francamente, no me parece natural, aunque reconozco una absoluta verdad en esos números.

Buscando las posibles causas de esa realidad casi incestuosa, llego a un punto que ya me aburre (y tengo hablado con amigas y mujeres de mi entorno): si hay culpas, son de la educación, y como siempre, de la castradora iglesia, que ha querido mujeres castas y tontas, evitando cualquier formación ante el placer.

Obviamente por naturaleza la mujer debiera estar en el pico de deseos y de fertilidad, conjuntamente con el hombre, ya que somos hembras y machos de una misma especie que hay que continuar (y que los óvulos tienen nuestra misma edad). Pero no.

Y es entonces cuando me vienen recuerdos de situaciones cotidianas e inocentes, y los comentarios de los padres. En el caso que sea una niña tocándose, por lo general se decía/dice: “No, eso no se hace, es feo”, y las palabras en igual situación ante un niño varón: “Qué gracioso el nene, pero no te lo estires tanto que no es un chicle”.  

La mujer desde pequeñita está educada para no transformarse en un ser sexual. Cuando comienzan en la pubertad las autoexploraciones, parece ser que al chico se lo incentiva (en otros tiempos, hasta se lo llevaba a “debutar”), pero a la chica, se la reprime.   

Es así que, aunque los tiempos cambien y el comienzo en las relaciones sexuales sea más temprano, a las mujeres por deformación, nos cuesta mucho sentir con libertad, simplemente porque no fuimos educadas para eso.
 
Hacen falta años de conocimiento del propio cuerpo y sus posibilidades. Serán necesarias muchísimas horas, de café y tertulia con amigas, de mucha comunicación con el sexo opuesto, y en algunos casos, una que otra charla con nuestro terapeuta y/o sexólogo.

¿Y todo eso para qué? Para que con total tranquilidad y normalidad (como debió ser siempre) nos liberemos y soltemos, y podamos hacer “eso”, que para mí, no es el amor, sino un divertido juego de sensaciones. El sexo es juego. (El amor en todo caso, es antes y después)

Como mujer, me siento estafada.