Empezaba la semana pasada hablando de su inminente muerte, y la verdad es que se hizo esperar. Luego de este estupendo ‘puente’ español, comenzamos la semana con la noticia: murió Pinochet, justo en el Día Internacional de los Derechos Humanos (tomá pa vos).

Según cifras oficiales, difundidas por Efe, durante su dictadura sangrienta:
“Más de 3.000 personas fueron asesinadas o desaparecieron, decenas de miles sufrieron la prisión y la tortura y unas 300.000 huyeron a otros países”

En estos últimos tiempos, además de estar procesado como ‘presunto’ autor (y qué grande le queda a este desgraciado la palabrita de moda) de desapariciones, muertes y torturas, violaciones todas de los Derechos humanos, también lo estaba por “fraude al fisco y uso de pasaportes falsos en relación con el descubrimiento, en 2004, de numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EEUU y otros bancos del exterior, en las que acumuló una fortuna calculada hasta el momento en 26 millones de dólares.Además de las causas abiertas por violaciones a los Derechos Humanos, Pinochet fue procesado por numerosos fraudes con dineros públicos, acumulando una fortuna estimada en unos 26 millones de dolares.”

Me quedo con las palabras de Mario Benedetti: “Es la muerte de un dictador que fue muy cruel con una parte de su pueblo. En este caso la muerte le ganó a la justicia. No pudo concluir el juicio, pero ya lo juzgó la historia y lo condenó“.