En el XXVI Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia de este último fin de semana, se reunieron en Valencia un total de 6500 médicos.

Ya leíamos haces unos días sobre el tema estrella de este Congreso: la responsabilidad de las compañías farmacéuticas en inventar enfermedades.


El médico de familia Pablo Alonso decía a este respecto, que las empresas farmacéuticas “promocionan y patrocinan enfermedades dirigidas a los consumidores y profesionales sanitarios y que se esfuerza en ampliar los límites de las patologías tratables o prevenibles”.

Por su parte, el presidente de la Societat Valenciana de Medicina Familiar i Comunitaria (Svmfic), Domingo Orozco decía:
“Existe una tendencia a convertir situaciones vitales en enfermedades…la sociedad manda el mensaje de que se debe aspirar a un estado de completo bienestar, algo que es utópico…Incluso la OMS ya no define a la salud como la ausencia de enfermedad, sino como una situación de bienestar físico, social y mental, por lo que, según esta interpretación, es muy difícil que una persona esté sana…”

De todas estas palabras, resumo y entiendo que para los médicos de familia, temas como la menopausia, el estrés, o el dolor por la muerte de un familiar, son sólo temas vitales, que no necesitan ni de medicación ni de un profesional: hay que soportarlos y punto.

Vale, y digo yo, así será en algunos casos, porque en muchos otros, con estos ‘temas vitales’ comienzan una seguidilla de bajones, cambios hormonales, óseos, y hasta depresiones, (también ‘vitales’, Salud mental que le dicen), que supongo que no están atendiendo ni en este Congreso, ni a ningún nivel de la Seguridad social.

Cuando leí todas estas declaraciones no sabía bien porqué me incomodaban. Si bien es cierto que en cuanto al tema de los Laboratorios estoy bastante de acuerdo (crean ‘necesidades’ para vender ’soluciones’), yo creo que es demasiado amplio, general e irresponsable, decir que las personas “inventamos enfermedades”.


Cuando un paciente solicita la atención profesional en momentos de cambios o dolores importantes de la vida, físicos o mentales, debe ser atendido como debe. Nadie va porque sí al médico, y si así es el caso, que el médico de familia detecta que el paciente inventa una enfermedad, con más razón: tiene un problema serio para ser tratado, sin dudas, habrá que derivarlo a un especialista.

Puestos a buscar responsabilidades, me parece que por este lado, los tiros van mal. Habría que mirar más arriba (Sistema Nacional de Salud), o más abajo: el propio ombligo.
La combinación “farmacia-algunos médicos” puede ser muy estrecha, tanto, que son los mismos profesionales de la salud los que nos escuchan si acaso 3 minutos, sin levantar la cabeza, mientras recetan un calmante o un antidepresivo (el último del mercado) ante el primer dolor o la primera lágrima.